Hace unos 10 años, me interesé muchísimo por esas moléculas llamadas “radicales libres”, las cuáles han sido “incomprendidas” por la ciencia, pasando de ser potencialmente peligrosas para nuestra salud, a ser necesarias para las adaptaciones al ejercicio. Todo ello siempre dependerá de un correcto equilibrio en su expresión a la par que un correcto funcionamiento del entorno antioxidante.
Cuando los radicales libres (especies reactivas de oxígeno y nitrógeno) superan a la capacidad antioxidante de nuestro organismo, se produce lo que conocemos como “Estrés Oxidativo”, el cuál potencia la aparición de multitud de enfermedades. Sin embargo, cuando la cantidad de radicales libres es suficiente para ser contrarrestada por nuestras defensas antioxidantes, el equilibrio se mantiene.
La forma de mejorar nuestro sistema antioxidante puede ser a través de la ingesta de antioxidantes de la dieta, pero sobre todo, mejorando nuestros antioxidantes propios, como glutatión o superóxido dismutasa. Para mejorar estos, algunos compuestos de la dieta son clave como la cisteína, la riboflavina o el selenio entre otros, pero lo que mejora drásticamente estos antioxidantes de nuestro organismo es el ejercicio físico moderado y habitual.
Sin embargo, es una práctica habitual tomar compuestos multivitamínicos y antioxidantes en forma de suplementos, incluso a veces con megadosis muy por encima de lo recomendado, como las megadosis de vitamina C.
Sin embargo, abusar de antioxidantes como la vitamina C, pueden hacernos pasar de estrés oxidativo, a lo que Rajasekaran Namakkal y colegas denominan “Estrés Reductor”, es decir, el polo opuesto.
Este estrés reductor también es patológico. Este autor y colabores, han comprobado en ratones que el estrés reductor puede provocar miocardiopatías y alteraciones cardiacas crónicas severas.
Pero es que además, recientemente los mismos autores han demostrado que el estrés reductor perjudica la regeneración muscular y causa una inhibición significativa de la diferenciación de las células satélite musculares.
Recuerdo hace tiempo, cuando estudiaba mucho todo esto, que comentaba en algunos congresos que se necesitaba estrés oxidativo para la correcta regeneración muscular post entreno y para la diferenciación de células satélite y así parece ser confirmado.